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Cada uno habla de la feria según como le va en ella

¡Buenos días!
Una actitud humana es juzgar los sucesos o experiencias según le favorecen o no, más que objetivamente. Cuesta ser subjetivo; incluso hay quienes aseguran que, en el periodismo —por ejemplo— es imposible la objetividad. Quién sabe, y llevan razón. Tal vez con las canas —o la calva— se debiese ir aprendiendo y tenerlo en cuenta a la hora de juzgar las posiciones de los demás.
Claro, eso es posible, en todo caso, en la introspección y en discusiones abiertas y sanas; imposible —por exclusión— en intercambios estériles en redes sociales, donde pululan, precisamente, los antisociales.
La exitosísima gestión del hasta hoy chargé d’affaires de la embajada de EE. UU. en Guatemala fue breve; vino a “poner en orden la casa” luego de que el anterior DCM, Patrick Ventrell, la prostituyese; aquel [Ventrell] se alió y se valió de cualquiera para injerir en los asuntos internos de esta bella tierra del quetzal. Claro, tuvo consecuencias, algunas de las cuales costó enderezar.
Malinchistas y entreguistas que antes aplaudían paroxísticamente a los abusos de Ventrell —y antes, de Robinson et al—, ante el cambio de corriente, se rasgaron las vestiduras y gritaron: ¡injerencia! (Inserte acá una sonora carcajada). Quienes gustaban de recibir “instrucciones en inglés” resintieron la gestión —firme, pero en términos distintos— que ahora no les favoreció o no participaban de ella. Válido, pero revelador.
Cada uno habla de la feria según como le va en ella, verdad como la hostia.

Reynaldo Rodríguez
El triángulo de poder: elecciones generales en Perú
676 palabras | 2 minutos de lectura

Perú ha concluido su jornada electoral de primera vuelta en un clima de fragmentación persistente, pero con una definición clara en la cúspide de las preferencias. Los resultados a boca de urna y el conteo rápido confirman que Keiko Fujimori y Rafael López-Aliaga se disputarán la presidencia en junio.
Este escenario marca un giro decisivo hacia la derecha tras un quinquenio de parálisis institucional y ensayos fallidos de representación. El país entra ahora en una fase de reconfiguración de fuerzas, donde la estabilidad dependerá de nuevas reglas de juego parlamentario.
Lo indispensable. El mapa electoral preliminar decanta una segunda vuelta entre los dos rostros más visibles del conservadurismo peruano.
La clasificación de Fujimori (Fuerza Popular) y López-Aliaga (Renovación Popular) responde a una movilización efectiva de sus núcleos duros en un contexto donde el voto castigó a las opciones de centro y de izquierda radical. A pesar de que ambos candidatos enfrentan altos niveles de rechazo, la estructura organizativa de sus partidos les ha permitido capitalizar el deseo de orden frente a la inseguridad, el tema gravitante de la campaña.
Las consecuencias inmediatas de este duelo de derechas incluyen una polarización de estilo, pero no de fondo macroeconómico, lo que ha generado una reacción inicial de calma en los mercados financieros y el tipo de cambio. Sin embargo, la brecha entre el voto urbano —de Lima— y el voto rural del sur sigue siendo un factor de riesgo, ya que gran parte del electorado antisistema se encuentra con representación en una Cámara de Diputados indómita.
El escrutinio revela que la victoria de ambos actores es aritmética, mas no social. La suma de sus votos difícilmente supera el 30 % del padrón electoral, lo que anticipa una segunda vuelta marcada por la búsqueda de alianzas pragmáticas.
Entre líneas. La relación triangular entre el Ejecutivo, el Senado y los Diputados crea un ecosistema de poder inédito donde el equilibrio es la única vía de supervivencia.
El Senado se erige como el eje gravitacional del sistema por el blindaje institucional que convierte a la cámara alta en un contrapeso inamovible, obligando al Ejecutivo a mantener un diálogo de largo plazo con la cámara que designa los altos funcionarios del Estado.
En contraste, la Cámara de Diputados es la única susceptible de disolución, opera bajo una presión política constante, funcionando como el termómetro de las demandas sociales inmediatas.
La dinámica resultante es un triángulo de fuerzas donde el Ejecutivo debe negociar la gobernabilidad cotidiana con diputados, mucho más reactivos y fragmentados. Esta estructura reduce el riesgo de inestabilidad que caracterizó al periodo unicameral, ya que cualquier proceso de destitución ahora requiere revisión parlamentaria superior, más complejo y pausado.
Entre líneas. La distribución proyectada del poder legislativo establece un sistema de doble llave donde el Senado actúa como égida conservadora frente a una Cámara de Diputados profundamente fragmentada.
El Senado se perfila como un filtro ideológico dominante de centroderecha. Con una base de votos nacional marcadamente urbana-conservadora y liberal, esta cámara funcionará como el garante de la estabilidad, blindando al próximo presidente de derecha.
La Cámara de Diputados hereda la inestabilidad del periodo anterior con una fragmentación severa: la derecha no tiene suficientes escaños para gobernar sola. El Ejecutivo se verá obligado a pactar coaliciones amplias con el centro para neutralizar al bloque de izquierda y el regionalismo.
Esta dinámica triangular forzará al Ejecutivo a una gestión de alianzas basadas en la negociación de fondos y presupuesto; sin este flujo de recursos hacia las regiones representadas por los diputados, será prácticamente imposible aprobar legislación crítica sobre seguridad ciudadana o reformas económicas.
En conclusión. El Perú entra en una era de institucionalidad reforzada pero operativamente lenta, donde el Senado será el escudo político-económico y los diputados el termómetro del conflicto social. El escenario de un gobierno de derecha con un Congreso fragmentado garantiza la predictibilidad para la inversión, pero augura una dificultad extrema para implementar reformas estructurales rápidas. La estabilidad del próximo quinquenio no dependerá de la voluntad del presidente, sino de su habilidad para navegar un sistema diseñado para el bloqueo mutuo.

Ana González
Diputados desempolvan la ley de ciberseguridad y la incluyen en agenda
489 palabras | 2 minutos de lectura

Casi siete meses después de haber avanzado en segundo debate, la iniciativa de ley de ciberseguridad regresa al pleno del Congreso, luego de que los jefes de bloque acordaran incluirla en la agenda de la sesión plenaria programada para hoy a las 14 horas.
Los diputados prevén avanzar en su tercer debate; sin embargo, el proceso legislativo aún requerirá la aprobación por artículos y la redacción final antes de convertirse en decreto. Cobra relevancia en medio de recientes incidentes relacionados con seguridad digital, particularmente tras el reconocimiento del Ministerio de la Defensa sobre la vulneración de los sistemas informáticos de la Dirección General de Control de Armas y Municiones (DIGECAM).
Previo a la confirmación oficial del hackeo, en redes sociales circularon capturas de supuestos foros y alertas de ciberseguridad que advertían sobre la posible extracción de bases de datos. Entre la información expuesta figuraban registros de armas legalmente inscritas, certificados en formato PDF y permisos de portación, lo que generó preocupación sobre el manejo y resguardo de datos sensibles.
En este contexto, el diputado Jorge Villagrán, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional —instancia que dictaminó la iniciativa—, solicitó que el proyecto fuera reincorporado a la agenda legislativa. La petición obtuvo el respaldo de las distintas bancadas, lo que permitirá reactivar la discusión en el pleno.
La iniciativa permanecía estancada desde el 23 de septiembre de 2025, fecha en que superó el segundo debate. El proyecto plantea la necesidad de que Guatemala se alinee con estándares internacionales en materia de ciberseguridad y adopte marcos como el Convenio de Budapest, orientado a combatir los delitos informáticos a nivel global.
El documento también advierte que, si bien el avance tecnológico abre oportunidades para el desarrollo, también incrementa los riesgos asociados a los ciberdelitos, por lo que se vuelve indispensable contar con un marco legal que regule, prevenga y sancione estas prácticas.
Además de la ley de ciberseguridad, otro punto relevante en la agenda es la iniciativa de ley antilavado, que también se encuentra en tercer debate. Según el presidente del Congreso, Luis Contreras, se busca alcanzar los consensos necesarios para su aprobación definitiva, la cual requiere el voto favorable de al menos 107 diputados.
Otros temas
También figura en la agenda la iniciativa orientada a prevenir el abuso sexual infantil, la creación de un fondo nacional para el acceso a insumos agropecuarios, así como reformas a la Ley de Actualización Tributaria y a la Ley Temporal de Desarrollo Integral.
Otro punto es la elección de dos magistrados titulares de la Corte de Apelaciones para completar el período constitucional 2024-2029.
Asimismo, se prevé avanzar en el reconocimiento oficial de dos idiomas mayas: el K’ub’ul, en el municipio de Cubulco, Baja Verapaz, y el kohataneko, en San Sebastián Coatán, Huehuetenango. Ambas propuestas figuran en primer debate.
En contraste, remedios para aliviar el alza en los combustibles no fueron incluidos en la discusión; persisten desacuerdos entre las distintas bancadas sobre las medidas a implementar.
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