El que entre la mie... anda, algo se le pega

¡Buenos días! 

Ayer se difundió en redes un video en donde el narcoalcalde de Moyuta, Jutiapa, lanza una amenaza directa fuerzas de seguridad; Carlos Roberto Marroquín Fuentes —varias veces reelecto— es hermano de Jorge Marroquín Fuentes, un narcotraficante capturado en 2017 en El Salvador cuando transportaba la bicoca de 840 kilos de cocaína. El Ministerio de Gobernación emitió un “duro” comunicado, que seguramente le causó una estruendosa risa al capo de Moyuta.

Marroquín ha sido señalado, también, de asesinar a Mayra Verónica Lemus Pérez, candidata (2011) a la alcaldía y contrincante de Marroquín. Mayra era hermana de Marixa, alias “La Patrona”, quien lideraba una banda del crimen organizado —narco—; desde entonces viene dando de qué hablar el capo de Moyuta.

La infiltración del narco en el país no es algo nuevo; ha venido ocurriendo, progresivamente, cual enfermedad terminal. Varios gobiernos no solo lo han permitido, sino apañado y hasta apoyado, así que lo de ahora no es culpa de Bernardo Arévalo ni del ministro Marco Antonio Villeda, pero sí es su responsabilidad ponerle un alto. Y eso no se logra con comunicados.

Pero ¿qué se puede esperar de un gobierno que se alía al narco para “lograr” avanzar su agenda legislativa, a costa de todos los guatemaltecos de bien?  

La expresión del capo no es un desliz en confianza; es muestra de que en su feudo tiene más poder que el propio Estado. Un presidente y un ministro con sangre en la cara —por no mencionar gónadas— no dejarían ese hecho impune, pero hoy, Guatemala no tiene funcionarios así.

 
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El pensamiento progresista acecha a la región. Gustavo Petro en Colombia y Gabriel Boric en Chile son ejemplos claros. Los dos presidentes evidencian en su narrativa abstracciones ideológicas de izquierda que no han podido materializar del todo. Al compararlas, discrepan de los postulados que formularon los padres de la izquierda, como Karl Marx o Friedrich Engels.

Resulta oportuna la lectura de Pensadores de la nueva izquierda, del conservador británico Roger Scruton, pues permite comprender el fenómeno político que vivimos. La obra se publicó originalmente en 1985 y la última edición data de 2015. La nueva versión mantiene el espíritu crítico del original, pero incorpora análisis de figuras más recientes.

Es una exposición de los intelectuales que moldearon el pensamiento progresista durante el siglo XX y principios del XXI. El autor no oculta su posición: considera que los pensadores construyeron sistemas teóricos que alejaron a la izquierda de la realidad social. Es decir, la izquierda abandonó las preocupaciones materiales de la clase trabajadora y se refugió en abstracciones académicas.

Tiene capítulos enteros dedicados a figuras como Eric Hobsbawm, E.P. Thompson, Ronald Dworkin, Jürgen Habermas y Edward Said. La edición de 2015 añade análisis de pensadores contemporáneos como Slavoj Žižek y Michael Hardt. Se rastrean las genealogías intelectuales que conectan a estos autores con Marx, Gramsci y la Escuela de Frankfurt.

La crítica principal evidencia cómo los últimos pensadores confundieron sus deseos con la realidad. Muchos minimizaron los crímenes del comunismo soviético mientras exageraban los defectos de las democracias occidentales. Vivían en una contradicción: disfrutaban de libertades académicas que los regímenes que defendían jamás habrían tolerado.

La prosa de Scruton resulta accesible pese a la complejidad de los temas. El autor tiene una habilidad notable para sintetizar argumentos densos en párrafos claros. Sus objeciones son refutaciones fundamentadas. Sin embargo, para aprovechar al máximo el contenido del libro, se requiere que el lector tenga una mínima idea de quiénes son las principales figuras de la izquierda.

La actualización de 2015 incorpora debates sobre multiculturalismo, identidad y posmodernismo. Habla del neolenguaje como arma ideológica que aprovecha la izquierda para alcanzar sus objetivos de poder. Un claro ejemplo es México, donde predomina el lenguaje inclusivo en el gobierno. El libro advierte sobre los peligros del pensamiento identitario y la política de la victimización. Corrientes que fragmentan la sociedad en grupos irreconciliables.

Pensadores de la nueva izquierda funciona como introducción crítica a figuras centrales del pensamiento “progresista”. Ofrece resúmenes útiles de ideas complejas desde una perspectiva conservadora. La obra permanece relevante, porque los debates que plantea continúan activos: universalismo versus relativismo, tradición versus cambio, libertad individual versus la “justicia social”.

La crítica que plantea el libro merece atención incluso de quienes rechazan sus conclusiones. 

 
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