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El tribunal electoral debe regresar a ser supremo

¡Buenos días!
A los nuevos magistrados del Tribunal Supremo Electoral —que supervisará dos elecciones generales— debe exigírseles que, de entrada, den muestras contundentes del rescate institucional. La elección del 2027 está mucho más cerca de lo que podría percibirse, por lo que no es que haya un compás de espera o un período de adaptación. Las acciones deben ser desde el inicio.
Esta semana se anunció la cancelación del partido Podemos y del Partido Popular Guatemalteco; ambas cancelaciones se deben a que no postularon candidatos a la presidencia ni lograron una curul. Las dos son hechos notorios, no asuntos sujetos a interpretación. Si bien la Ley Electoral y de Partidos Políticos habilita audiencia a los partidos, realmente debiese ser mero trámite. Aun así, tardaron cuatro años los magistrados anteriores en resolver y notificar.
Pero, en el caso del Partido de Avanzada Nacional (PAN), aunque incurrió también en causal de cancelación —no logró el mínimo de votos a nivel nacional ni logró alguna curul—, por alguna razón “misteriosa” sigue vivo.
Este es el corolario de una desastrosa gestión. Candidatos eliminados, resoluciones contradictorias, procesos de compra anómalos —cuya responsabilidad aún está por determinarse— y un largo etcétera. Realmente es un milagro que las elecciones del 2023 se llevaran a cabo y el resultado de las urnas fuese certificado.
Realmente, los nuevos magistrados, en comparación, no tendrían que hacer grandes cosas tampoco; con tan solo hacer su trabajo, de acuerdo con la ley. Pero, tristemente, pareciera que hasta eso es mucho pedir para la calidad de autoridades —en todos los ámbitos— que hemos tenido en los últimos años.



Glenda Sánchez
Marco Vinicio Mejía Dávila: “La USAC debe recuperar su autonomía; afuera Mazariegos"
735 palabras | 4 minutos de lectura

Marco Vinicio Mejía Dávila, investigador de la Universidad de San Carlos (USAC), pone sobre la mesa su trayectoria académica y su historia personal como respaldo de su interés por dirigir la universidad. Asegura que su aspiración nace en medio de una crisis institucional que, a su juicio, ya no puede ignorarse.
Plantea la necesidad de recuperar la autonomía universitaria y hacer una depuración interna. Cuestiona la continuidad de Walter Mazariegos y del actual Consejo Superior Universitario (CSU). Su propuesta apunta a una reforma profunda, con énfasis en la ética, el fortalecimiento académico y el servicio a la sociedad.
¿Cuál es su trayectoria?
Soy doctor en Derecho por la USAC, doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y doctor honoris causa por el Instituto Tecnológico del Estado de México. He sido docente en doctorados y maestrías desde 1976. Estuve cerca de personas que buscaban evitar que la universidad fuera trinchera política.
También investigué hechos vinculados a violencia política, como el asesinato de Mario Darí Rivera. En el plano humano, lo más importante es mi familia. En 1994 asesinaron a mi esposa y a mi hija mayor. Me hice cargo de mis otras dos hijas. Eso define más mi vida que cualquier título. He publicado 35 libros, pero eso es secundario frente a lo humano.
¿Por qué desea ser rector de la Universidad?
Es indispensable que el actual rector se vaya. Hay tráfico de influencias, mediocridad y nombramientos sin idoneidad. La universidad tiene 72 representaciones en el Estado y están capturadas. Eso debe renovarse por completo.
El objetivo es cambiar el CSU. Se ha convertido en un centro de persecución. Hay sospechas de negocios irregulares. La universidad está tomada. Esto solo se logra con el apoyo de la comunidad sancarlista.
¿Cuenta con apoyos para ser propuesto candidato?
Estoy en ese proceso. Mi intención es visibilizar la defensa de la autonomía universitaria. Mis luchas han sido solitarias. He actuado en distintos momentos en las crisis del país sin respaldo político.
Mi trayectoria demuestra independencia. No respondo a grupos. Eso dificulta apoyos, pero fortalece mi postura.
¿Cómo responde a señalamientos de vínculos políticos?
No represento intereses de partidos. Si fuera cercano al gobierno, tendría un cargo alto. Incluso fui considerado para la cartera de Cultura, pero no prosperó. Tampoco soy opción de Walter Mazariegos.
He sido crítico de ambos sectores. Mi trabajo ha sido académico y jurídico. No dependo de estructuras políticas.
¿Cómo explica la crisis actual de la universidad?
La crisis se profundiza con el control de espacios en comisiones de postulación. Las universidades buscan cuotas de poder. No solo la USAC, también algunas privadas.
Desde hace años se perdió el enfoque académico. Se privilegian intereses políticos. No ha existido liderazgo académico sólido. Muchos rectores no tienen trayectoria intelectual ni publicaciones.
¿Qué propone en su plan de trabajo?
Planteo eliminar exámenes de admisión. El sistema educativo debe certificar a los estudiantes. La universidad se ha vuelto excluyente.
También propongo depuración interna. Evaluación de docentes y trabajadores. El que no rinde, debe salir. Hoy no hay controles efectivos.
¿Cómo enfrentará al Consejo Superior Universitario actual?
Buscaré derrotarlo en decisiones clave para evidenciar independencia. Es un órgano capturado. Excluyen planillas independientes.
Se requiere abrir la universidad. Terminar el secretismo. Garantizar participación real. Sin eso no hay reforma posible.
¿Qué cambios institucionales impulsaría desde la rectoría?
La universidad debe centrarse en la academia. Debe servir al país. Propongo reforma constitucional para redefinir su papel. Planteo una Asamblea Nacional Constituyente.
También eliminar la injerencia en comisiones de postulación. Ese es un foco de corrupción. La universidad no debe ser instrumento político.
¿Cómo evitar la continuidad del actual rector?
Se necesita presión legal y social. Los amparos existen, pero deben ejecutarse. Ha habido protección institucional.
Si no hay cambios, puede haber conflicto interno. La comunidad universitaria debe actuar. No se puede permitir continuidad bajo irregularidades.
¿Qué tipo de liderazgo ofrece frente a otros aspirantes?
Un liderazgo académico, ético e independiente. No basta con oponerse al rector actual. Se debe explicar cómo cambiar la institución.
Tengo formación, publicaciones y experiencia. Eso debe evaluarse. La universidad necesita dirección intelectual, no improvisación.
¿Cuál es su visión final para la universidad?
Una universidad limpia, depurada y enfocada en la academia. Sin redes de corrupción ni intereses políticos. Debe existir evaluación real de su personal.
Debe recuperar su papel en la solución de problemas nacionales. Hoy no lo cumple. Se requiere una reforma profunda con liderazgo ético.



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