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García Luna hace lo correcto

¡Buenos días!
Ayer, luego de que un medio de comunicación diera a conocer que el Ministerio Público (MP) le había negado una solicitud de acceso a información pública respecto al sueldo, emolumentos y/o cualquier otra remuneración recibida por la anterior fiscal general, Consuelo Porras, así como la del exjefe de la FECI, Rafael Curruchiche, en horas de la tarde el MP habilitó el acceso a los salarios, incluidos los requeridos.
La resolución puntual, la de rechazo, bien pudo haber obedecido a estructuras y directrices del ancien régime; ante el rechazo generalizado, el fiscal general tomó una decisión correcta e hizo público lo que siempre debió serlo: los salarios de los funcionarios y empleados de la institución. Eso manda la ley.
La excusa esgrimida en la resolución de rechazo —que se hizo pública— argumentaba que [acceder a lo solicitado] ponía en riesgo investigaciones criminales. Ridículo. La información se refería a exfuncionarios, pero, aunque estuvieran en funciones, ¿qué efecto tenía conocer lo que ganaban, en investigación alguna?
No se sabe si fue una rectificación luego de la presión política y mediática, o si fue convicción propia; realmente no importa porque fue en el acto. De haber dilatado, se hubiese pensado lo primero, sin duda.
Lo bueno se aplaude; bien por el fiscal general.

Reynaldo Rodríguez
Fujimori y Sánchez: decisión de indecisos
655 palabras | 4 minutos de lectura

Perú se enfrenta una vez más a un escenario de polarización extrema en su segunda vuelta presidencial, reflejo de su crónica inestabilidad institucional. El proceso electoral expone el agotamiento de un atomizado sistema de partidos, donde la legitimidad del futuro gobernante estará comprometida desde el inicio. En este balotaje, el electorado dirimirá entre dos modelos opuestos de país en medio de un profundo escepticismo ciudadano.
El desenlace dependerá de la capacidad de los finalistas para capturar el descontento de una mayoría que no se sintió representada en la primera vuelta.
Lo indispensable. La radiografía de la primera vuelta evidencia una crisis de representación crítica en el sistema político andino.
Keiko Fujimori (Fuerza Popular, conservador) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú, izquierda) pasaron a la segunda vuelta con poco caudal de votos. Esta configuración reactiva el histórico quiebre político entre el fujimorismo, fuerte en Lima y la costa, y un antifujimorismo con base en el sur, aglutinado en gran medida bajo la narrativa de resistencia vinculada al expresidente Pedro Castillo.
Los candidatos finalistas accedieron a la segunda vuelta con un magro 17.19 % y 12.04 % de los sufragios, respectivamente, reflejando una fragmentación electoral sin precedentes provocada por la participación de más de una treintena de organizaciones.
El voto en blanco y nulo se posicionó como la principal fuerza política oculta al consolidar un 17.01 % de la votación, superando individualmente el caudal de cualquier candidato en competencia. Este grupo electoral, equivalente a más de 3.4M de votos, constituye el caudal estratégico determinante que ambos contendientes deben disputar para asegurar la victoria.
Cómo funciona. El sistema de partidos peruano se encuentra bajo profunda atomización debido al diseño de incentivos institucionales contraproducentes para la cohesión partidaria del país.
La reforma al sistema de elección suprimió la obligatoriedad de las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, eliminando el principal filtro sistémico de candidatos y facilitando la emergencia atómica de decenas de candidatos que terminaron por fragmentar el voto de la ciudadanía.
La prohibición de la reelección parlamentaria truncó las carreras políticas e instaló un horizonte temporal de corto plazo restringido a cinco años. Sin incentivos para la cooperación de largo plazo o la preservación institucional, como tampoco para consensos mínimos de gobernabilidad, están sujetos a criterios coyunturales.
Las dinámicas de selección individualista en la boleta redujeron a los partidos a la condición de vehículos utilitarios de campaña, permitiendo que los candidatos instrumentalicen la personería jurídica para competir en el mercado electoral sin estar condicionados a una disciplina partidaria real.
Entre líneas. El juego de alianzas estratégicas y transferencias de votos revela las profundas fracturas ideológicas y geográficas subyacentes en el electorado.
Fujimori capitalizaría de forma orgánica el voto de la derecha conservadora y empresarial de Rafael López-Aliaga para consolidar su bloque promercado. En contraposición, Sánchez busca absorber el voto de la izquierda rural y magisterial que sostuvo a Pedro Castillo, reactivando el clivaje antisistémico en las regiones del sur.
El electorado de centro urbano se encuentra atrapado en una disyuntiva entre las condiciones macroeconómicas estables que promete el fujimorismo y la polarización institucional que genera la candidatura de Keiko, un dilema que empuja a las clases medias hacia el voto en blanco o nulo.
La movilización efectiva de los ciudadanos indecisos en el tramo final consolidaría la victoria para cualquiera de los competidores debido al estrecho margen que registran las tendencias, con una balanza que tiende a inclinarse levemente hacia Fujimori por el peso del voto de refugio económico frente a la incertidumbre que supone Sánchez.
En conclusión. El balotaje peruano profundizará la polarización de una sociedad severamente fracturada en términos sociales y geográficos. Quien asuma la jefatura del Estado lo hará con una legitimidad de origen desgastada y un Congreso fragmentado y poco gobernable. El verdadero reto del próximo Ejecutivo no será la implementación de reformas estructurales, sino asegurar la supervivencia institucional en un entorno diseñado para la confrontación permanente entre el Ejecutivo y el Legislativo.
UNA INVITACIÓN DE CAMPUS AXIOMA Y PANAMERICAN BUSINESS SCHOOL
Workshop Axioma Proyección Inmobiliaria

Axioma de México y Panamerican Business School unen esfuerzos para presentar “Proyección Inmobiliaria” una experiencia diseñada para profesionales, desarrolladores e inversionistas que buscan comprender las tendencias que están transformando el sector inmobiliario en la región. La iniciativa combina trayectoria académica de Panamerican Buusiness School con la experiencia de Axioma, empresa líder en dirección y ejecución de más de 300 proyectos inmobiliarios.
Por qué importa. Durante dos días de workshops especializados, los participantes tendrán acceso a conocimientos prácticos, metodologías innovadoras y casos de éxito impartidos por expertos internacionales. Parte del contenido por abordar serán temas como smart cities, sostenibilidad, inversión y el futuro de desarrollo urbano.
En conclusión. Además de adquirir herramientas estratégicas para la toma de decisiones, los asistentes encontrarán un espacio ideal para generar oportunidades de negocio, intercambio de ideas y experiencias, y una oportunidad única para fortalecer su red de contactos con líderes y profesionales que enfrentan desafíos similares en un entorno cada vez más exigente.
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El mundo después del árbitro

El ensayo Trumpismo y reconfiguración global. El tortuoso camino hacia un nuevo orden mundial, del español José Antonio Gurpegui Palacios, dedica buena parte de sus páginas a explicar cómo hemos llegado hasta el momento actual. Sin embargo, su verdadera fuerza está en la descripción de un mundo que ya no parece organizado alrededor de una potencia capaz de imponer reglas universales.
Según el autor —catedrático de Estudios Norteamericanos en la Universidad de Alcalá y director del Instituto Franklin-UAH— lo que emerge es un escenario más incierto, más competitivo y, probablemente, más peligroso.
La tesis central es sencilla, sus consecuencias no. Lejos de ser una anomalía pasajera ni un accidente electoral, el trumpismo sería la manifestación política de una transformación más profunda. El agotamiento del orden liberal construido por Washington tras la Guerra Fría y el tránsito hacia un sistema multipolar donde nadie posee suficiente fuerza para ejercer una hegemonía indiscutida. Europa pierde peso relativo; China, India y EE. UU. compiten por espacios de influencia; y el resto del mundo aprende a sobrevivir en medio de ese forcejeo.
Lo más sugestivo del ensayo aparece cuando comienza a preguntarse qué significará todo esto en los conflictos concretos que dominan los titulares.
En Ucrania, la guerra no parece encaminada a una victoria absoluta de nadie. Más bien se perfila como uno de los primeros conflictos de la nueva multipolaridad, donde las negociaciones terminarán imponiéndose a los objetivos máximos de las partes. La paz, si llega, será imperfecta y dejará heridas abiertas durante décadas.
El Kremlin ha convertido la paciencia en un instrumento de poder. Su apuesta no consiste tanto en derrotar a Ucrania como en sobrevivir políticamente a quienes la respaldan.
En Oriente Medio, la guerra de Gaza es otro síntoma de un sistema cada vez menos regulado. Pese a continuar interviniendo, las grandes potencias son incapaces de construir un marco político duradero. El resultado: una región atrapada entre crisis sucesivas y equilibrios provisionales.
La gran incógnita para Israel es cómo preservar su seguridad en un Oriente Medio cada vez más fragmentado e imprevisible.
Taiwán sobrevuela el libro como la gran interrogante del siglo XXI. Gurpegui no cae en el catastrofismo fácil, pero tampoco transmite tranquilidad. Su sensación: China gana tiempo, influencia y confianza, mientras EE. UU. intenta contenerla sin llegar a una confrontación directa. Esa tensión podría definir las próximas décadas.
Interesante resulta la reflexión sobre India. El ensayo llega a hablar de “ceguera” frente a la gran táctica del subcontinente centrada en lograr la autonomía estratégica. Advierte que la administración Trump observa el mundo desde una lógica estrictamente transaccional. Nueva Delhi es útil mientras sirva para equilibrar a Pekín. No hay romanticismo geopolítico ni asociaciones permanentes, solo intereses temporales.
Venezuela ya no es únicamente un problema regional. Se convierte en una pieza más dentro de una competencia global donde energía, influencia política y posicionamiento se entremezclan constantemente.
También, desde Centroamérica, esta lectura adquiere relevancia. Durante décadas vivió pendiente de Washington. Hoy el panorama es más complejo. China avanza económicamente, Europa busca mantener presencia y EE. UU. redefine prioridades. Países pequeños como Guatemala, Honduras o Costa Rica descubren que la multipolaridad ofrece oportunidades… y capacidad estratégica.
El libro no pretende decirnos cómo terminarán estas historias. Más bien sugiere que hemos entrado en una época donde las certezas escasean. Su principal acierto intelectual reside en comprender que el nuevo orden mundial no se caracteriza por la aparición de un nuevo dueño del tablero, sino por la ausencia de uno.
El profesor Gurpegui, especialista en historia, política y cultura estadounidense, ofrece una explicación estructural del presente. El lector podrá discrepar de algunas interpretaciones, pero difícilmente podrá negar la pertinencia de la pregunta que atraviesa la obra: ¿qué sucede cuando el árbitro abandona el campo y los jugadores siguen disputando el partido?
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