- República Política
- Posts
- La tentativa de Arévalo de León y “El Triunfo” de su empresa
La tentativa de Arévalo de León y “El Triunfo” de su empresa

¡Buenos días!
La inseguridad ciudadana ha sido el talón de Aquiles de este gobierno; su aproximación estilo “seguridad democrática” ha demostrado ser insuficiente, sobre todo cuando en el hemisferio hay ejemplos de que, para contener a estructuras como las maras y otras del crimen organizado, hay estrategias que funcionan mejor, sin que por ello sea aceptable violar derechos fundamentales.
Un proyecto ofrecido —en campaña— por el partido de gobierno fue la construcción de cárceles de máxima seguridad, algo con lo que la gran mayoría de guatemaltecos estamos de acuerdo; el primer intento falló y ahora que se identificó un nuevo lugar en el departamento de Izabal en donde se colocó la “primera piedra”, pobladores plantearon un amparo para que no se construyese ahí, argumentando una serie de sinsentidos sin sustento, valga el pleonasmo.
Las motivaciones de los amparistas son cuestionables, cuando menos; el fenómeno de “no en mi patio trasero” (NIMBY, por sus siglas en inglés) es comprensible, pero llega, ciertamente, a extremos ridículos. Mientras tanto, una necesidad reconocida por la mayoría, sin distingo de ideología o clase social, no puede satisfacerse por intereses particulares y, quién sabe, si criminales.
Veremos si, como el león, en la fábula de fray Matías de Córdoba, Arévalo de León logra imponerse a pesar de los engaños.

Rafael P. Palomo
Irán después de la guerra: balcanización, tropas en el terreno y guerras subsidiarias
1186 palabras | 8 minutos de lectura

La guerra en Irán ha sido, hasta ahora, un éxito militar, pero el fantasma de Afganistán e Irak sobrevuela la mente de estrategas y liderazgos militares.
En perspectiva. La fase militar de la guerra en Irán ha estado definida por la velocidad, la precisión y una asimetría abrumadora. Estados Unidos e Israel han recurrido a campañas aéreas sostenidas para desmantelar componentes críticos del régimen iraní sin desplegar grandes cantidades de tropas terrestres. Si esa fase tiene éxito —si la estructura de mando del régimen se ve suficientemente degradada y su capacidad de proyectar fuerza colapsa—, la pregunta central pasa inmediatamente a ser qué viene después.
La historia sugiere que remover un régimen suele ser la parte menos compleja del proceso. Lo que lo reemplaza es donde se ganan o se pierden los conflictos.
En el caso de Irán, el rango de posibles resultados es inusualmente amplio, y cada uno implica riesgos significativos no solo para el país, sino también para el orden regional en su conjunto.
Cómo podría funcionar. Uno de los escenarios más discutidos es el regreso de Reza Pahlavi, hijo del último Shah. Desde una perspectiva simbólica, ofrece algo que ninguna otra figura tiene actualmente: una identidad nacional reconocible que precede a la República Islámica y conecta con la narrativa histórica más amplia de Irán como Persia. Pahlavi se ha posicionado como una figura liberal que aboga por una monarquía parlamentaria secular en la que el monarca no gobierne, sino que funcione como una institución de unidad.
Su propuesta incluye un referéndum nacional para que los iraníes elijan su sistema político preferido.
Aunque las encuestas son escasas, algunos intentos muestran un respaldo significativo: 26 % de los iraníes desea una república secular, 21 % quiere el regreso de la monarquía y un 33 % —que sigue reduciéndose— se mantiene indeciso. Sin embargo, alrededor del 80 % de la población se opone a la continuidad de la República Islámica.
En un contexto donde una amplia mayoría parece favorecer un cambio de régimen, esta plataforma ha ganado tracción, particularmente entre las generaciones más jóvenes y segmentos de la diáspora.
Sí, pero. No obstante, la viabilidad de una transición liderada por Pahlavi depende menos del sentimiento popular que de las dinámicas de élite dentro de Irán. El sistema político del país no es un cascarón vacío esperando ser ocupado; es una red densa de instituciones, sistemas de patronazgo y actores armados. El más importante de estos es el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), que funciona no solo como fuerza militar, sino como un centro de poder económico y político.
Incluso si el liderazgo clerical superior ha sido severamente debilitado, el IRGC mantiene la capacidad de organizar resistencia, como ha demostrado en el estrecho de Ormuz.
Una transición liderada por Pahlavi, por tanto, enfrentaría casi con certeza oposición de elementos de la estructura de poder existente que cuentan tanto con recursos como con incentivos para resistir el cambio.
Por qué importa. Esto abre la posibilidad de un conflicto interno. Una línea de fractura plausible se encuentra entre el IRGC y el ejército convencional. Mientras el IRGC está ideológicamente vinculado a la República Islámica, el ejército regular ha sido históricamente más nacionalista y menos comprometido con el proyecto ideológico del régimen.
En un entorno de posguerra donde la autoridad central se debilita, ambas instituciones podrían divergir en sus lealtades.
Un escenario en el que segmentos del ejército se alinean con una autoridad de transición mientras el IRGC intenta preservar remanentes del sistema anterior no es difícil de imaginar.
Una división de este tipo transformaría el colapso del régimen en una lucha interna fragmentada, complicando cualquier esfuerzo por establecer un gobierno coherente en la posguerra.
Visto y no visto. Más allá de la lucha de poder interna, Irán alberga múltiples grupos minoritarios con identidades propias y, en algunos casos, agravios históricos de larga data. Entre ellos, la población kurda en el oeste del país representa una de las variables más relevantes. Los grupos armados kurdos tienen experiencia operando en terreno montañoso y han colaborado previamente con actores externos. En un escenario en el que el gobierno central se debilite significativamente, podrían intentar expandir su autonomía o incluso avanzar hacia la creación de una entidad política separada. Este desarrollo no ocurriría en aislamiento.
Turquía se ha opuesto consistentemente a la emergencia de un Estado kurdo en la región y ha demostrado disposición a intervenir militarmente para impedirlo.
Un colapso iraní que abra espacio para avances kurdos podría, por tanto, desencadenar una intervención turca, expandiendo el conflicto más allá de las fronteras de Irán. Al mismo tiempo, otras regiones —como aquellas con poblaciones azeríes o baluchis— podrían experimentar sus propias dinámicas de fragmentación.
El resultado sería un riesgo de balcanización de facto en un país de más de noventa millones de habitantes, ubicado en la intersección de múltiples regiones estratégicas.
Entre líneas. Estas dinámicas apuntan a una preocupación más amplia: la posibilidad de que Irán siga una trayectoria similar a la de Irak después de 2003 o Libia tras la caída de Gadafi, pero a una escala mucho mayor. En esos casos, la eliminación de la autoridad central generó vacíos de poder que fueron llenados por milicias rivales, actores regionales y estructuras políticas fragmentadas. El tamaño, la población y la importancia estratégica de Irán amplificarían considerablemente esos riesgos. La presencia de materiales e infraestructura sensibles —incluido su programa nuclear— añade otra capa de urgencia al problema de la estabilidad posterior al régimen.
En este contexto, la suposición de que Estados Unidos puede alcanzar sus objetivos únicamente mediante poder aéreo se vuelve cada vez más difícil de sostener.
Una estrategia enfocada exclusivamente en degradar las capacidades del régimen sin abordar el orden de posguerra corre el riesgo de crear un vacío que actores internos y externos se apresurarán a llenar. Desplegar fuerzas estadounidenses y aliadas para estabilizar el país durante una transición conlleva sus propios riesgos, incluida la posibilidad de quedar atrapados en una ocupación prolongada y costosa.
El dilema no es entre una intervención y una salida limpias; es entre distintas formas de otra guerra interminable, algo que Trump prometió no volver a hacer.
En conclusión. El escenario en el que una transición liderada por Pahlavi emerge como el marco organizador principal sigue siendo uno de los resultados más plausibles, especialmente si sectores de la élite iraní concluyen que un cambio controlado es preferible a un colapso desordenado. Sin embargo, incluso este camino enfrentaría resistencia. Las instituciones que sostuvieron a la República Islámica durante décadas difícilmente desaparecerán sin oposición —y menos aún solo mediante ataques aéreos—, y cualquier intento de reemplazarlas tendrá que lidiar con actores que conservan tanto poder coercitivo como intereses profundamente arraigados.
La remoción del régimen actual, si ocurre, abrirá una fase de profunda incertidumbre en la que el riesgo de fragmentación, conflicto e intervención externa seguirá siendo alto.
Para Estados Unidos, la pregunta central es si está dispuesto a gestionar esa fase o si asume que el fin de la guerra también marcará el fin de su involucramiento.
La historia y el análisis de la compleja realidad iraní sugieren que tal suposición sería difícil de sostener.
*Hilo publicado originalmente en nuestro boletín GCaM, suscríbase

Luis González
Las cortes no descansan, Mazariegos tampoco
660 palabras | 3 minutos de lectura

Mientras la mayoría de los guatemaltecos hacen una pausa en su rutina laboral durante esta semana, algunas instituciones y actores no descansan.
Qué destacar. Uno de los focos centrales es la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde esta semana resulta clave para la estrategia del rector Walter Mazariegos y su círculo.
El objetivo es claro: impedir que los electores opositores participen en la elección prevista para el 8 de abril. El rector y la mayoría del Consejo Superior Universitario han sido señalados de abusar de su poder para cerrar el proceso a cualquier disidencia.
Bajo este esquema, solo se busca que participen electores afines, aun recurriendo a maniobras legales o abiertamente irregulares. Cualquier decisión, por improvisada que sea, parece válida si sirve para no reconocer la elección de los cuerpos electorales.
Mazariegos ha demostrado estar dispuesto a mantenerse en el cargo a cualquier costo, como ya ocurrió anteriormente. Sin embargo, en las cortes del país se analizan diversos recursos legales contra estas acciones. Esa vía judicial es hoy la principal apuesta de la oposición universitaria. La salida legal aparece como la última barrera antes del 8 de abril frente a una estrategia que muchos califican de tramposa.
En el radar. La Comisión de Postulación (CP) para fiscal general tendrá esta semana un breve respiro antes de entrar en jornadas intensas tras Semana Santa. A partir del 6 de abril iniciarán cuatro días de audiencias públicas, exceptuando el miércoles, para entrevistar a los 49 aspirantes.
Las sesiones comenzarán a las 9 h y cada candidato contará con 30 minutos de participación. Cinco minutos serán para exponer su plan de trabajo y el resto para responder preguntas de los comisionados.
En promedio, cada jornada permitirá escuchar a 12 profesionales que superaron las fases previas. Concluidas las entrevistas, la CP avanzará en las evaluaciones y calificaciones finales.
La nómina de seis candidatos se publicará el 20 de abril en el Diario Oficial; las impugnaciones podrán hacerse del 21 al 23. La lista final será enviada al presidente Bernardo Arévalo, quien deberá elegir al nuevo fiscal general antes de su toma de posesión el 17 de mayo de 2026.
Lo que sigue. El Consejo Nacional de Desarrollo Urbano y Rural (CONADUR) llevará a cabo una reunión extraordinaria el 31 de marzo, a partir de las 10 h, en el Palacio Nacional de la Cultura.
La convocatoria establece como punto único de agenda la discusión de un punto resolutivo sobre la distribución de la ampliación presupuestaria 2026. En la misma sesión también se abordará el anteproyecto de presupuesto para el ejercicio fiscal 2027.
Este encuentro será la segunda sesión del CONADUR en 2026, luego de la realizada el 2 de marzo. La entidad reúne a representantes de sectores de la población y consejos regionales de desarrollo.
El objetivo es agilizar la inversión pública, priorizando los territorios con mayores necesidades. Las decisiones que se adopten tendrán impacto directo en la planificación y ejecución del gasto público en el país.
Ecos regionales. Honduras vive un cambio relevante en el Poder Judicial con la designación de Wagner Vallecillo como presidente de la Corte Suprema de Justicia. El relevo genera expectativa por un posible giro en independencia, transparencia y eficiencia judicial.
De Vallecillo se espera liderazgo institucional y avances en la despolitización de la justicia. Su perfil lo coloca como una figura clave en la reconfiguración del sistema judicial hondureño. El cambio ocurre tras años de cuestionamientos sobre politización, corrupción e independencia judicial.
Varios comercios administrados por ciudadanos chinos están cerrando en Nicaragua debido a la saturación del mercado. La competencia entre negocios similares, la sobreoferta y los bajos márgenes han vuelto insostenible la operación de muchos de ellos.
Costa Rica firmó un acuerdo con EE. UU. para responder de inmediato a avisos sobre deportaciones a terceros países, con potestad de aceptar o rechazar cada caso. El plan contempla hasta 25 personas por semana, estatus temporal y costos cubiertos por EE. UU. con apoyo de la OIM, bajo garantías de derechos humanos.
¿Qué le pareció el boletín de hoy? |
Iniciar Sesión o Suscríbete para participar en las encuestas. |

