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La violencia fuera de control

¡Buenos días!
Mientras el mundo centra su atención en Venezuela y lo que pretende hacer ahí Donald Trump —misterioso, también, para buena parte de su gabinete— y la algarabía de algunos por los resultados de ayer en la elección de representantes del CANG para la comisión de postulación de magistrados al TSE, en las calles de Guatemala, la criminalidad está desatada. Roban, asaltan y matan, mientras las autoridades parecen chuparse el dedo cual niñatos. Luego del cambio de autoridades —por su absoluta ineficacia, ejemplificada por la fuga masiva de terroristas—, las cosas siguen igual o peor.
Ayer se conocieron no menos de 4 hechos de violencia en la ciudad, dejando cauda de muertos y heridos. Uno de los hechos ocurrió en una concurrida calle de la zona 10, a escasos metros de una estación de la PNC. Y por ahora, todo parte sin novedad…
A las puertas del inicio del tercer año del [des]gobierno de Bernardo Arévalo, hay muchas más situaciones por las cuales lamentar su gestión que alegrarse por ella. Si no, que lo digan los deudos de los asesinados. Parecen no enterarse de que los videos de TikTok —que tanto les gusta hacer— no resuelven los problemas de los guatemaltecos.
El nuevo ministro puede ser “buena gente” y haber tenido un papel decente en la judicatura, pero, hasta ahora, un cargo tanto estratégico como operativo le está quedando grande; una talla que pagan los ciudadanos con su sangre. ¡No se vale!

Reynaldo Rodríguez
El orden internacional: si lo quiero, ¡lo tomo!
667 palabras | 4 minutos de lectura

El episodio venezolano ha redefinido el margen de acción de Estados Unidos en Latinoamérica. Esto a la vez ha reordenado los incentivos estratégicos de los otros dos polos de poder global: China y Rusia. La señal emitida por Washington invita a ambos actores a recalibrar costos, oportunidades y riesgos en sus áreas de influencia —con especial énfasis en Taiwán y Ucrania—.
El resultado es un nuevo tablero internacional en el que el poder crudo se muestra por primera vez en décadas: sin narrativas legales superpuestas ni discursos embellecidos.
En perspectiva. El mensaje estratégico es más importante que la extracción del presidente Maduro.
EE. UU. sentó un precedente específico en la región. La interferencia violenta es una opción válida, incluso sin cobertura institucional internacional. La interferencia ahora se define a partir de dos preguntas: ¿lo queremos? ¿lo podemos tomar?
El área de influencia de la Doctrina Monroe se reafirma como todo el continente, sin distinción ideológica ni narrativa democrática como condición previa. Mientras existan recursos críticos para la consolidación del proyecto económico-bélico estadounidense, se ejercerá poder en la región.
La intervención ya no se justifica en la expansión de valores, sino en la transaccionalidad geoeconómica basada en recursos, cadenas de suministro y ventajas estratégicas inmediatas.
Por qué importa. El mensaje de Washington no se queda en Latinoamérica, sino que redefine los incentivos estratégicos de las otras potencias revisionistas del sistema internacional.
EE. UU. parece legitimar explícitamente el uso de la fuerza sin racional axiológica, es decir, narrativas como la democracia, derechos humanos o libertad. Esto envía un mensaje directo a sus contrapartes: el poder puede ejercerse —incluso— sin justificación normativa cuando existen intereses materiales claros y capacidad de ejecución.
Esto confirma un giro profundo en la política internacional, cada vez más cercana a la lógica impulsada por Vladímir Putin: el territorio, la influencia o los recursos se toman no porque exista un derecho, sino porque se desea y se puede soportar el costo.
En ese marco, Xi Jinping y Vladímir Putin encuentran razones para sonreír, pues se ha ampliado la ventana de oportunidad para interferir en regímenes, más allá de Taiwán o Ucrania. China se expandirá para asegurar corredores geoeconómicos y recursos estratégicos. Rusia, para asegurar amortiguadores de seguridad frente a Europa y sus aliados.
Entre líneas. El verdadero reordenamiento ocurre en los cálculos estratégicos de largo plazo de las potencias, no en el ruido inmediato.
Para China, Taiwán no es solo una disputa identitaria o histórica. El factor decisivo es la empresa, TSMC, que produce cerca del 90 % de los semiconductores avanzados que impulsan la inteligencia artificial y la tecnología bélica: un activo crítico hoy para EE. UU. y, mañana, indispensable para la autonomía estratégica china.
Beijing quiere controlar Taiwán, pero no puede invadir en el corto plazo: su actual fragilidad económica no resistiría sanciones multilaterales severas ni el costo financiero y militar de una operación anfibia de alto riesgo, más aún frente al creciente rearme defensivo taiwanés apoyado por los estadounidenses.
En paralelo, Putin parece operar bajo la premisa de una futura paz negociada con Donald Trump, donde Rusia consolida el territorio que busca mientras Europa queda sola frente al monstruo ruso. No se prevé la necesidad de extraer a Zelensky, pues el objetivo principal —el acceso a aguas cálidas— quedará en manos rusas después de los acuerdos de paz.
En conclusión. El telón del orden legal ha caído. La interferencia ha encendido alarmas a nivel global: el uso abierto de poderío confirma que el sistema internacional entró en una fase de poder explícito.
Europa descubrió que, hoy, EE. UU. deja de ser un aliado predecible, sino una amenaza estratégica con la que no puede confrontar directamente económica ni bélicamente. Territorios como Groenlandia, partes de Canadá y los pasos logísticos del Ártico quedan expuestos al expansionismo.
En paralelo, Taiwán deberá acelerar su rearme y tejer alianzas bélico-financieras propias, mientras Ucrania y los Estados postsoviéticos se consolidan como área de seguridad rusa ante una Europa cada vez más consciente y temerosa del poder militar de Rusia.
Glenda Sánchez
Elecciones del CANG: alianzas o disputas para la segunda vuelta
532 palabras | 2 minutos de lectura

La primera vuelta de la elección de los representantes del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG) para la Comisión de Postulación del Tribunal Supremo Electoral (TSE) fue sorpresiva; las planillas 4 y 5 pasaron a segunda vuelta. La segunda vuelta se realizará el 13 de enero en los mismos centros de votación.
Un día después de la elección, se habla de posibles alianzas con las planillas perdedoras y el desgaste de agrupaciones lideradas por operadores políticos tradicionales.
Por qué importa. Las alianzas son clave para ganar en la segunda vuelta. No obstante, descartan que el apoyo sea abiertamente para las planillas ganadoras. Podría, en un futuro, afectar sus intereses en los procesos de la Corte de Constitucionalidad (CC), Ministerio Público (MP) y la Contraloría General de Cuentas (CGC).
La planilla 4 postula a Gregorio Saavedra y Edgar Ortiz. Logró la mayor cantidad de votos: 5973; está vinculada al Ejecutivo y a Juan Francisco Solórzano Foppa, extitular de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT).
María Alicia Ovalle Gramajo y José Pablo Pacheco Samayoa son los candidatos de la planilla 5. Obtuvieron 4495, una diferencia de 1478.
Este proceso ha tomado relevancia porque los integrantes de la CP deberán nominar a los candidatos para el TSE. Administración que tendrá la responsabilidad de organizar dos elecciones generales.
Entre líneas. Las alianzas no son tan claras como en otras ocasiones por estar en puerta otros procesos importantes para el país. Y pueden dar sorpresas como ocurrió en la primera vuelta de elecciones en el CANG. Ganaron planillas con problemas internos y divisiones, o con coaliciones que se dieron a último momento.
La planilla Avanza (1), con fuerte liderazgo, y que se fortaleció en 2025, se quedó fuera por una diferencia de 38 votos. Se trata del grupo liderado por Estuardo Gálvez, exrector de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC).
Es probable que la alianza que se pueda dar sea entre Gálvez y la planilla 5. Sin embargo, no toda la coalición, porque puede que los cercanos a Gálvez queden en libertad de votar. “Y se sabe que el voto no necesariamente se endosa”, aseguran expertos.
“Lo probable es que la 1 forme alianza con la 5 y la oficialista —la 4— busque a aquellos que ocupan puestos públicos”, afirma Francisco Quezada, experto del CIEN.
En conclusión. El resultado de la primera vuelta no solo sorprendió por quién ganó, sino por cómo se reordenaron las fuerzas internas del gremio. Las dinámicas de desgaste, alianzas tardías y errores estratégicos pesaron más que las trayectorias históricas o la aparente solidez de algunas estructuras.
La agrupación liderada por Gálvez se debilitó por su acercamiento con grupos cercanos al MP, un factor que tuvo un costo político evidente en las urnas, pese a su crecimiento previo en 2025.
Tanto la planilla 4 como la 5 remontaron escenarios adversos mediante campañas intensas, rostros visibles más efectivos y una mejor lectura del momento político gremial, incluso cuando sus coaliciones se formaron a última hora.
El voto no se endosa: habrá dispersión, cálculos individuales y alianzas por conveniencia. En ese contexto, la capacidad de atraer indecisos y consolidar apoyos en pocos días será decisiva para el desenlace del 13 de enero.
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