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Los idus de marzo

¡Buenos días!
Con el asesinato de Julio César, el último dictador perpetuo —aunque suene contradictorio— murió la república romana; la historia da cuenta de que en el año 44 a. C. le fue otorgado ese título y el 15 de marzo de ese mismo año, fue asesinado.
Que ayer se haya conmemorado el aniversario de aquel hecho que marcó la historia para la eternidad; que el presidente de Guatemala se llame también César, y que su partido tenga 23 diputados, el mismo número de puñaladas que recibió aquel César con ocasión de una reunión del Senado —que en la república romana no era el órgano legislativo, pero, pues…—, son meras casualidades. También es mera casualidad que en el oficialismo también haya un bruto —no Bruto, de nombre— que, si pudiese, le daría la estocada final.
El presidente debe cuidarse de quienes le susurran al oído desde tierras mexicas, pero también de quienes desde el Legislativo lo empujan —quisiesen hacerlo— a tomar una decisión que continuaría la ideologización del ente investigador, del que tiene el monopolio de persecución penal.
Aunque ya superó la fatídica fecha del idus, Bernardo Arévalo debe estar atento y rechazar las presiones de radicales dispuestos a tirar al traste los avances de su gobierno, por su —la de ellos— venganza ideológica.
¡Cuidado con el bruto en el Senado, presidente!

Rafael P. Palomo
Cuba de rodillas ante Trump y Rubio
752 palabras | 4 minutos de lectura

La intercepción de una lancha —con probable origen en la Florida— por parte de la guardia costera cubana, dejó un saldo de cuatro fallecidos y un régimen que, ahora, se sienta a negociar con su mayor enemigo: EE. UU.
En perspectiva. Las últimas horas han dejado imágenes que hace apenas unos años habrían parecido impensables en Cuba. Tras las protestas que empezaron de manera pacífica en la ciudad de Morón, manifestantes saquearon e incendiaron la sede del Partido Comunista en medio de protestas desencadenadas por el agravamiento de la crisis energética que mantiene a gran parte del país sumido en apagones prolongados.
La escasez de combustible ha paralizado transporte, producción y servicios básicos, alimentando un clima de frustración históricamente acumulada que se ha traducido en disturbios en varias ciudades.
En paralelo, el propio Miguel Díaz-Canel confirmó la apertura de conversaciones con EE. UU. que incluyen la liberación de 51 presos y la cooperación con el FBI para investigar el asesinato de los exiliados en la lancha.
La combinación de protestas abiertas contra símbolos del régimen, el colapso energético y las negociaciones con Washington evidencia un momento de vulnerabilidad que pocos habrían imaginado hace tan solo unos meses.
Sí, pero. Aunque esperanzador, no sería la primera vez que la isla enfrenta una crisis existencial; tras la caída de la Unión Soviética en los años noventa, el llamado “Período Especial” llevó al país a niveles de escasez que parecían insostenibles. Sin embargo, el régimen logró sobrevivir gracias a nuevas fuentes de apoyo externo y a su capacidad para mantener el control político interno.
No obstante, hay un factor diferencial que nunca había enfrentado Cuba antes.
Con el pasar de los días, la presión internacional no está disminuyendo, sino aumentando, y gran parte de esa presión se origina en una sola figura dentro de la administración estadounidense.
Entre líneas. Marco Rubio ha convertido el caso cubano en una prioridad personal. Para el actual secretario de Estado, la confrontación con el régimen de La Habana no solo es un caso más de política exterior, sino una causa profundamente ligada a su historia personal y a su trayectoria política. Hijo de inmigrantes cubanos que huyeron de la revolución, Rubio ha construido gran parte de su carrera sobre una narrativa clara: el régimen castrista representa una injusticia histórica que debe terminar.
Durante décadas, esa postura se expresó, principalmente, en el terreno legislativo y diplomático.
Hoy, desde la jefatura de la diplomacia estadounidense, Rubio dispone de herramientas mucho más amplias para convertir esa convicción en estrategia.
Comó funciona. La política que emerge desde Washington combina presión económica, aislamiento internacional y una ofensiva dirigida a golpear los pilares que sostienen al régimen. Uno de los elementos centrales ha sido el ataque indirecto a la principal fuente de estabilidad del sistema cubano —y lo que le sostuvo desde el colapso de la URSS—: el suministro externo de petróleo. Sin combustible suficiente para su ya deteriorada infraestructura eléctrica, la isla enfrenta apagones generalizados que paralizan la economía y la capacidad del Estado para mantener la normalidad cotidiana.
En términos prácticos, EE. UU. ha destruido el margen de maniobra que históricamente permitió a La Habana sobrevivir a momentos de crisis.
Durante el Período Especial, el régimen logró reconfigurar sus alianzas internacionales hasta encontrar nuevos salvavidas económicos —como lo llegó a ser Venezuela—. Hoy, entre las sanciones, la presión diplomática y la fragilidad económica de sus antiguos socios, encontrar un nuevo patrocinador es considerablemente más difícil.
Ese aislamiento es precisamente lo que Rubio ha tratado de construir, con un régimen cubano sin suficiente energía, sin suficiente respaldo externo y frente a una sociedad cada vez más frustrada.
Por qué importa. El resultado visible de esa presión es lo que empieza a observarse en las calles. Las protestas recientes no son simplemente manifestaciones por escasez material, algo relativamente común en la historia de la isla. El hecho de que se ataquen directamente símbolos del Partido Comunista revela un cambio psicológico importante: la crisis no se percibe solo como un problema económico, sino como un problema político.
Aun así, la historia obliga a mantener cautela. El régimen cubano ha demostrado en múltiples ocasiones una capacidad notable para resistir situaciones que parecían terminales.
Su control de las instituciones de seguridad, su experiencia en la gestión de crisis y su habilidad para negociar sin ceder el poder central han sido factores decisivos para su supervivencia durante más de seis décadas.
Al fin y al cabo, un régimen no se sostiene por 67 años con bloqueos y una amenaza existencial a solo 150 km por mera suerte.

Luis González
Jura el nuevo TSE y se activa el reloj rumbo a 2027
595 palabras | 3 minutos de lectura

Los nuevos magistrados del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Guatemala, electos el 10 de marzo de 2026, serán juramentados el 17 de marzo en el Congreso y asumirán oficialmente sus cargos el 20 de este mes.
Qué destacar. La magistratura entrante ejercerá durante el período 2026–2032, un mandato clave para la estabilidad democrática del país.
Su responsabilidad inmediata consiste en preparar, organizar y supervisar las elecciones generales de 2027, incluyendo la planificación logística, la fiscalización del financiamiento político y la garantía de la legalidad del proceso electoral.
El relevo ocurre tras un proceso legislativo intenso y negociado, en el que se ratificó la integración del máximo órgano electoral.
Su labor resultará determinante para reconstruir la confianza ciudadana en el sistema democrático y asegurar comicios transparentes y legítimos en los próximos años.
Lo que sigue. El presidente de Alemania, Frank‑Walter Steinmeier, visitará Guatemala mañana y el miércoles para fortalecer la cooperación económica y política entre ambas naciones. La visita forma parte del diálogo bilateral que ambos países han impulsado en los últimos años, reflejando el creciente interés alemán en Centroamérica.
Durante su estadía, Steinmeier se reunirá con el presidente Bernardo Arévalo de León y el canciller Carlos Ramiro Martínez Alvarado, con el objetivo de profundizar temas de comercio, inversión y cooperación técnica.
El mandatario alemán, figura clave de la diplomacia europea, busca promover iniciativas conjuntas en energía, innovación, formación técnica y medioambiente. Alemania identifica a Guatemala como un socio estratégico por su ubicación y potencial de crecimiento.
La agenda también incluye encuentros con sectores productivos y actividades oficiales orientadas a dinamizar proyectos bilaterales. Para Guatemala, la visita representa una oportunidad de consolidar relaciones políticas y abrir nuevas puertas para la atracción de inversión extranjera.
En el radar. La Corte Internacional de Justicia anunciará el 19 de marzo si Guatemala podrá intervenir en la disputa territorial por los Cayos Zapotillos, un caso actualmente enfrentado entre Belice y Honduras y que tiene implicaciones estratégicas para la soberanía marítima regional.
Aunque este fallo no resolverá aún el fondo del litigio, sí determinará si el país obtiene participación formal en un proceso clave para la definición de límites en el Caribe occidental.
Según el gobierno, la decisión será leída a las 15 h. en La Haya (hora local), tras la petición oficial presentada por Guatemala para incorporarse al caso como tercero interesado.
Intervenir es crucial debido al impacto potencial en recursos naturales, espacios marítimos y rutas estratégicas. La disputa por los Cayos Zapotillos, históricamente sensible, podría redefinir el equilibrio regional si se permite la entrada de un tercer Estado.
Ecos regionales. Centroamérica, una región altamente vulnerable a desastres naturales, expresa creciente preocupación ante la posible llegada de El Niño en la segunda mitad de 2026.
El Centro de Predicción Climática de EE. UU. estima un 62 % de probabilidad de que se establezca entre junio y agosto. Su intensidad aún es incierta debido a la inestabilidad entre océano y atmósfera y los cambios recientes en patrones climáticos. Expertos piden vigilancia constante porque sus efectos afectarían lluvias, agricultura y temperaturas en la región.
La dictadura Ortega‑Murillo decretó 10 días de vacaciones, del 27 de marzo al 7 de abril, como maniobra política disfrazada de “descanso familiar”, en medio de un clima de control autoritario y restricciones a prácticas religiosas.
El Gobierno de Costa Rica denunció un ciberespionaje contra el ICE, donde un actor ligado a China extrajo cerca de 9 GB de correos internos. El caso tensó las relaciones con China, cuya embajada rechazó las acusaciones y las calificó de infundadas, generando fricción diplomática.
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