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Ya no más hdp; más IA

¡Buenos días!
La tecnología avanza a pasos agigantados; desde el fax, pasando por el internet —el dial up, y luego el de alta velocidad— y ahora el IA, nunca una misma generación ha visto tantos avances tecnológicos como ahora. Sin embargo, en las cosas que realmente importan, la cosa sigue anacrónica; decimonónica.
Procesos que debiesen ser diáfanos —los de designación de magistrados y fiscales— se han visto enlodados por estúpidas pugnas político-ideológicas, pero también por pueriles intereses económicos. ¡Ya no más! De haber sido “administrados por IA, no habríamos presenciado el vergonzoso espectáculo que ayer dio el MP.
En un acto inverosímil y abracadabrante, el MP realizó allanamientos durante la votación en el CANG para magistrados titular y suplente para la CC; un flagrante acto de intimidación y, francamente, revelador. De nuevo vemos cómo algunos pretenden cambiar las reglas del juego a medio proceso y, si pretendemos ser una república —funcional— no podemos tolerarlo.
No es posible que se manipulen y se pretenda trastocar procesos democráticos; de uno u otro lado. Por cuestiones como esas —mamadas, perdonen ustedes— es que la democracia liberal pasa trapos de cucaracha en el mundo entero. No, no se debe abusar. Sí, sí debe castigase a quienes violan las leyes. ¿Eso pasa en Guatemala? Usted, lector —tristemente— sabe la respuesta.
No nos quejemos, entonces, de lo que tenemos…

Glenda Sánchez
Elección en el CANG: un proceso marcado por la incertidumbre
400 palabras | 2 minutos de lectura

Los agremiados del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG) eligieron a sus representantes ante la Corte de Constitucionalidad (CC). El proceso estuvo marcado por acciones legales, incertidumbre y un apagón.
El balotaje dejó dudas y rechazo de sectores debido a los incidentes. Además, por la presencia de fiscales del Ministerio Público (MP) en los centros instalados en el Parque Erick Bernabé Barrondo, ubicado en la zona 7 y el club La Aurora, zona 13 capitalina. En este último se restringió, por varias horas, el ingreso de periodistas a los salones donde se encontraban las mesas y atriles.
El evento concluyó a las 21:54 horas. Astrid Jeannette Lemus Rodríguez, electa titular con 8920 votos, y Luis Fernando Bermejo Quiñónez, suplente con 8527. El conteo se realizó por fiscales de mesa, después de las 18:00 horas en todos los centros de votación habilitados. Los profesionales que votaron sumaron más de 15 000, según Patricia Gámez, presidenta del CANG.
La elección comenzó puntual en los 28 centros de votación. Francis Peña, presidente del Tribunal Electoral del CANG, anticipó una fiesta cívica, con poca afluencia comparada con otros procesos. “1800 profesionales vinieron. La cifra es menor a la primera vuelta, cuando se reportaban más de 2000 abogados”, agregó en su primer reporte por la mañana.
Sin luz
La Fiscalía de Delitos contra Operadores de Justicia y Sindicalistas del MP informó que las diligencias fueron “por una denuncia de supuestas anomalías detectadas en la primera vuelta de las elecciones”. Aclaró que “no buscan invalidar, secuestrar, ni interferir en el proceso electoral”.
Por la noche, un corte de energía en el club La Aurora interrumpió —por varios minutos— escrutar las boletas. Las linternas de los celulares del personal se usaron para continuar. Algunos representantes de mesa optaron por amarrar las bolsas de las papeletas y esperar que se restaurara la energía.
En este evento, los profesionales también votaron para relevar a las autoridades del Tribunal Electoral. Participaron profesionales de ciencias afines. Las planillas fueron: Unidad por la Democracia y Plataforma de Profesionales por la Justicia. La planilla 1 obtuvo 8153 votos.


Este panfleto de Thomas Paine fue escrito con prisa histórica y urgencia política. Con una convicción hoy casi desconcertante: la idea de que las cosas evidentes deben decirse en voz alta porque, aun siéndolo, demasiadas veces no se dicen.
Leído 250 años después, Common Sense sigue siendo un texto sorprendentemente vivo. Su estilo es directo, reiterativo y en ocasiones toscamente didáctico. Sin embargo, destaca por su ambición: convertir una intuición difusa, el malestar de las colonias con la Corona británica, en una certeza política articulada.
Paine no se limita a criticar al rey Jorge III; cuestiona la monarquía como sistema, la herencia como principio y la subordinación como destino. Y lo hace sin circunloquios: la independencia no es solo posible, es necesaria.
No es un tratado filosófico al uso, ni un documento jurídico sofisticado del modo que lo serían El Federalista o la Constitución. El autor entiende que, antes de diseñar una república, hay que convencer a la sociedad de que esta es deseable. Para eso utiliza un lenguaje accesible y una constante apelación a la razón práctica: ¿qué sentido tiene seguir obedeciendo a una metrópoli lejana, cara e incapaz de proteger a las colonias?
Publicado a principios de 1776, Common Sense se difundió como ningún otro texto político en la América colonial. Se leyó en tabernas, plazas, reuniones vecinales. Citado, discutido, compartido fue uno de los catalizadores intelectuales decisivos del movimiento que desembocaría en la Declaración de Independencia pocos meses después.
Inglés de origen humilde, autodidacta, recién llegado a América y ajeno a los grandes círculos de poder colonial, Paine escribe desde fuera del sistema. Su republicanismo nace de una mezcla de experiencia personal, lectura intensa y una fe casi radical en la capacidad de la gente común para gobernarse a sí misma.
Algunas de sus afirmaciones son simplificaciones interesadas y su rechazo frontal a la monarquía roza el dogmatismo. Además, su confianza en que la emancipación resolvería de forma automática los problemas políticos y económicos de las colonias se reveló optimista en exceso.
Con todo, Common Sense no pretende ser equilibrado, sino eficaz. Un instrumento de combate, y como tal asume el riesgo de exagerar para movilizar. Fija un principio fundamental para la tradición republicana: la legitimidad política no proviene de la costumbre ni de la herencia, se origina en el consentimiento razonado de los gobernados.
Para los latinoamericanos releer este panfleto en 2026 constituye un acto de memoria política activa. Paine recuerda que la independencia, más que una fecha fundacional, es una tarea permanente: revisar el poder, cuestionar las inercias y desconfiar de las lealtades heredadas. En sociedades marcadas por repúblicas formales pero frágiles, vuelve a interpelar con crudeza. No ofrece recetas, aunque sí una actitud: no aceptar como natural lo que es injusto o ineficaz. En definitiva, exigir que la política vuelva a responder al sentido común de la gente.
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